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Hoy hace 7 años…   1 comment

Tal día como hoy, 14 de julio, pero del 2005, comenzó para mí la gran aventura de vivir en el extranjero. Tal día como hoy hace 7 años llegué, junto con Lidia, a Oxford, donde comenzó nuestra vida juntos y la mayor experiencia de nuestras vidas hasta ese momento.

Recuerdo perfectamente la llegada al aeropuerto de Gatwick y la espera en la parada de autobús para emprender nuestro camino a la ciudad universitaria. Con la misma intensidad, seguramente por el miedo y la emoción, recuerdo también el sitio donde nos bajamos del autobús ya en Oxford y lo primero que ví allí: una tienda de aeromodelismo. Aquél día hacía mucho calor, un calor excepcional para Inglaterra. Con una maleta cada uno, la mía por cierto horrible para transportar por la calle, y dos mochilas, nos dispusimos aquel día a empezar una nueva vida en un lugar totalmente desconocido para nosotros. Fue el comienzo de una experiencia maravillosa.

Apenas llevábamos unas mil libras encima, habíamos apalabrado una habitación en Cowley Road en una casa de desconocidos, no teníamos trabajo, ni amigos, ni siquiera hablábamos inglés bien. Pero ambos teníamos la convicción de que aquello era un acierto desde el principio y de que todo iba a salir bien. Cierto es que teníamos mil miedos, los normales. Yo acababa de terminar la carrera de periodismo y mi única experiencia laboral había sido en trabajos de verano como socorrista y entrenador de baloncesto. Lidia había trabajado durante algún tiempo como progamadora de páginas web, pero ambos estábamos muy verdes en este sentido y no teníamos ni idea de por dónde íbamos a empezar.

No habíamos mandado ningún currículum, ya que decidimos irnos a Oxford dos semanas antes de marcharnos, cuando solo teníamos los billetes a Londres comprados, y nada más. Era nuestra primera vez en Inglaterra, todo nos parecía diferente, maravilloso: el estilo de construcción de las casas, la gente tan multicultural, el inglés en todas partes, las carreteras en sentido contrario… vaya cambio.

Llegamos tras una larga caminata (no nos atrevimos a coger un autobús) a la que sería nuestra primera casa de Cowley, donde no pudimos entrar porque no había nadie. Allí, en la misma puerta, nos sentamos a esperar a que alguien llegase, sacamos una baraja de cartas y jugamos varias pochas hasta que una chica, la que justamente salía ese día y nos dejaba su habitación, llegó para llevarse sus últimas cosas. Ella nos abrió y sin conocernos nos dejo allí solos hasta que más tarde llegaron los demás. Fue un comienzo raro en un día que se hizo eterno.

También recuerdo perfectamente mi primera noche allí. Como hacía mucho calor y habíamos estado toda la tarde en la casa colocando nuestras cosas (lo justo y necesario), decidimos salir a dar un paseo a ver la zona de noche. Oxford nos pareció extraño, no era como lo esperábamos: una ciudad universitaria. Al día siguiente, cuando nos aventuramos al centro, descubrimos que solo la zona en la que vivíamos era así y que el centro era exactamente lo que se espera de Oxford: una ciudad dedicada a la universidad y con historia en cada edificio.

En Cowley nuestra primera cena fue un showarma, nos lo comimos sentados en una pequeña plaza en el centro de esta zona concurrida de tiendas donde sobre todo viven, o vivían entonces al menos, inmigrantes. Aquella noche no nos sentimos en casa, eramos dos extraños en un mundo desconocido. Esa sensación de extrañeza se mantuvo durante muchas semanas, no fue fácil, costó mucho sentirse en casa pero al final lo conseguimos.

Ese fue el comienzo de nuestra aventura en el extranjero, hace 7 años, en Oxford. Fue una época de mi vida en la que aprendí muchísimo cada día a base de esfuerzo y decepciones, pero que valió la pena. Hoy, 14 de julio de 2012 y en Amberes, aún recuerdo con añoranza ese primer día y esa sensación de estar trazando mi camino como yo lo elegí, algo que recomiendo a todo el que tenga la oportunidad.

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Aventura en la vuelta de Londres   Leave a comment

Tras un fin de semana único en tierras inglesas, la vuelta a casa se complicó un poco debido a este tiempo loco que estamos viviendo en toda Europa durante el invierno.

The Tower Bridge, uno de los puentes más famosos de Londres

The Tower Bridge, uno de los puentes más famosos de Londres

El tiempo nos había respetado durante el sábado y el domingo, pero el lunes por la mañana temprano, momento que habíamos elegido para volver a Dusseldorf, amaneció lloviendo y bastante frío. La mañana comenzó bien, desayunamos maravillosamente en el Holiday Inn de Stansted a eso de las 6 de la mañana, y a las 6:30 ya estábamos en el autobús que por un par de libras te lleva en 5 minutillos a la terminal del aeropuerto.

Allí, sin necesidad de facturar, no tardamos en llegar a nuestra puerta de embarque, la 41, donde nos dispusimos a esperar los 30 minutos que quedaban para iniciar el embarque. Cuál fue nuestra sorpresa cuando anunciaron que el vuelo había sufrido un retraso en Alemania y la salida sería casi una hora más tarde (en lugar de a las 7:30 a las 8:20), lo cual nos fastidiaba bastante, pero tampoco pasaba nada, al fín y al cabo estaríamos no muy tarde en “casa”.

Allí sentado y leyendo alguno de los nuevos libros que había comprado en Oxford el sábado, me quedé de piedra al ver cómo la lluvia cambiaba repentinamente a un estado diferente: nieve. Una pequeña nevada en principio se hizo cada vez más copiosa hasta llegar a ser preocupante. La nieve comenzó a acumularse en la pista a medida que pasaba el tiempo y que nuestro avión llegaba y ocupaba su sitio. “Esto no pinta nada bien” pensé mientras hacía cola para entrar en el pájaro gigante. Ya en el avión una hora más tarde de lo convenido en el billete, nos anunciaron que por la nieve el aeropuerto estaba cerrado temporalmente y que debíamos esperar, al menos una hora más hasta que limpiaran las pistas y limpiasen nuestro aparato.

La maravillosa Radcliffe Camera de la Universidad e Oxford desde la Iglesia de Santa María, la imagen más característica de esta ciudad y todo un símbolo

La maravillosa Radcliffe Camera de la Universidad e Oxford desde la Iglesia de Santa María, la imagen más característica de esta ciudad y todo un símbolo

Así que allí subidos, por suerte en salida de emergencia para estirar un poco las piernas, nos dispusimos a esperar. Entre cabezaditas y lecturas estuvimos casi dos horas esperando, primero, que limpiasen la pista, y luego que nos quitasen toda la nieve que se había acumulado sobre el avión. Así que con más de dos horas y media de retraso por fin el aparato comenzó a moverse y a alinearse en la pista de despegue. Aún nevaba, pero muy ligeramente. El vuelo fue fantástico y en poco menos de una hora aterrizamos en Dusseldorf, eso sí, con unas 3 horas de retraso.

Son cosas que pasan cuando se viaja en invierno en estos paises situados al norte de Europa. No se puede hacer mucho contra eso, es cierto, pero la verdad es que bastante engorroso quedarse en el avión durante dos horas sin moverse del aeropuerto, ya podrían dejarnos salir a la terminal para al menos poder tomarnos un cafelillo. Pero la entrada y salida de pasajeros a un avión es tan engorrosa que esto no se permite. Y yo me pregunto, ¿no son los clientes, al fin y al cabo, lo importante de todo esto? ¿Por qué sacrifican nuestra comodidad por ahorrar 10 o 15 minutos de tiempo?

Publicado febrero 23, 2010 por D.Ferrer en Otros viajes

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Aventura de fin de semana en Londres y Oxford   Leave a comment

Primer fin de semana libre en mucho tiempo (sin partidos de baloncesto) y escapada de última hora y casi sin planearla de antemano. Con una mochila y poco más Lidia y yo hemos disfrutado de un laaargo fin de semana en Inglaterra, donde no hace mucho vivimos y que nos sigue atrayendo muchísimo. Pero la razón esta vez no era turística ni por trabajo, sino porque queríamos visitar y a la vez despedirnos de una amiga que se marcha a Japón. Así que allá que fuimos a verla.

Como buenos mochileros cogimos un vuelo el sábado a primera hora de la mañana y estábamos en Londres para desayunar, un gran comienzo para un fin de semana espléndido. Como el día nos sonreía con un estupendo sol decidimos coger un autobús los tres (nos encontramos con nuestra amiga en Londres) e irnos a Oxford, donde ya vivimos más de un año y que es una ciudad que a mí personalmente me encanta. En Oxford estuvimos caminando todo el día, viendo las cosas que a Lidia y a mí más nos gustan, donde tenemos muchos recuerdos que volvimos a revivir. El sol brilló durante casi todo el día y pudimos disfrutar de la ciudad más bonita de Inglaterra y una de las más impresionantes de Europa sin problemas.

Visitamos varios Colleges, los que estaban abiertos. Subimos a la torre de la iglesia de la Universidad, tomamos un café en una de las muchas cafeterías de High Street, paseamos por el parque de Christ Church, nos asomamos al puente que da paso a la zona universitaria, anduvimos la calle de las tiendas, comimos en un pub típico inglés comida típica inglesa allí donde se reunía Tolkien con otros escritores, compramos Cookies en Ben’s and Cookies, que prepara las mejores galletas que he probado nunca…. no faltó detalle, un día super completo que creo que todos disfrutamos mucho.

Reventados de tanto caminar y ver cosas volvimos a Londres en autobús. Allí nos dió tiempo a poco ya que llegamos tarde y las energías no llegaban para más ese día. Pero al día siguiente si hubo tiempo de hacer muchas cosas en la gran capital inglesa. Con renovadas energías pateamos los lugares más conocidos de Londres para enseñárselos a Hisako, nuestra amiga, y disfrutar de ellos una vez más. No faltó el Big Ben, que me encanta, ni Sant James Park o la zona de Trafalgar Square. Caminamos por China Town que estaba en ebullición de la cantidad de gente que había… todo fantástico salvo el metro, que está parcialmente en obras durante todos los fines de semana debido, al parecer, a las inminentes olimpiadas del 2012, que tienen a Londres con miles de obras y engalanamientos.

Ya solos y de noche, Lidia y yo disfrutamos de un estupendo paseo junto al Támesis por la orilla sur desde Waterloo hasta el Tower Bridge, que cruzamos tranquilamente. La temperatura era idel para pasear y la noche estaba muy tranquila, aunque al rato comenzó a llover y tuvimos que meternos bajo tierra para coger finalmente el tren hacia Stansted, donde pasamos la noche en un hotel. En fin, un fin de semana de esos de mochileros que se quedan en el recuerdo para siempre.

Publicado febrero 22, 2010 por D.Ferrer en Oxford

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Aprender inglés en el extranjero: Oxford   6 comments

Son muchas las personas que deciden, tras el verano, apuntarse a cursos de inglés, algunos incluso optan por marcharse al extranjero, a Inglaterra generalmente, para aventurarse allí unos meses y aprender, mediante la experiencia, ese dichoso idioma que nos trae de cabeza a muchos.

Uno de los colleges más emblemáticos de la ciudad

Uno de los colleges más emblemáticos de la ciudad

La mejor forma de aprender inglés es, sin lugar a dudas, necesitarlo, y para ello marcharse al extranjero es ideal, sobre todo a un lugar donde no abunden los españoles, ya que irse al extranjero para reunirse con otro montón de españoles en tu misma situación y acabar pasando el día con ellos es una pérdida de dinero y de tiempo, además que de calidad de vida.

Para mí, y hablo desde la experiencia, un lugar ideal es Oxford, una ciudad maravillosa, llena de estudiantes de todo el mundo, un lugar donde se habla un inglés bueno y de calidad, donde aprender es un placer (nada que ver con Irlanda, ni con Manchester, Edimburgo u otros tantos lugares donde el inglés es muy diferente). La zona sur de Inglaterra es sin duda la mejor en cuanto a la calidad del idioma, pero hay zonas donde abundan los extranjeros -indios, españoles, rusos, rumanos, italianos, franceses…- algo muy importante, ya que la mezcla es tremenda y el nivel de inglés baja mucho y se convierte en un idioma de 1.000 palabras bastante pobre. Hablo de Londres, por ejemplo, donde hay tanta mezcla que es imposible estar con ingleses la mayoría del tiempo.

Interior de uno de los College de la Universidad de Oxford

Torres gemelas en el All Souls College, Universidad de Oxford

Oxford es un lugar ideal, es una ciudad de tamaño medio, con dos universidades, la pija y la menos pija, la mayoría de la población es joven y de origen británico medio-alto, ya que se trata de una ciudad cara, es cierto, pero el nivel de vida es increíble. Sin duda es una ciudad de las llamadas “caras”, según muchos, la segunda más cara de toda Inglaterra tras Londres. Los pisos, un café, una cerveza, una cena… todo es un poco más caro que en otras ciudades, pero también es cierto que la comida es tan barata en el Tesco o el Sainsbury’s como otros lugares y que los trabajos están mejor pagados que en la mayoría de Inglaterra, sobre todos los cualificados.

En cuanto a trabajo, pisos, y todo lo que necesites para vivir allí, desde bicicletas a muebles, etc.,  existe una página web muy interesante donde se ofrece de todo y donde tú también puedes dejar tu mensaje de búsqueda o vender lo que quieras el día que vuelvas a casa, la página es: http://www.dailyinfo.co.uk es muy útil antes de irte y durante tu estancia. También está la página http://www.groupsnearyou.com/groups/oxford_freecycle donde podrás encontrar cosas que “reciclan” o regalan. El mercado de la segunda mano funciona muy bien allí y es algo ideal para comenzar bien sin tener que gastarte mucho dinero en todo.

Oxford al aterdecer

Oxford al aterdecer

El trabajo es un aspecto muy importante de esta ciudad, ya que cada año tiene una gran demanda de trabajos de cierto nivel que no se pueden comparar a estar limpiando en una cocina. Es necesario intentar optar a estos trabajos de cierto nivel, ya que una de las virtudes de los ingleses es que a todo el mundo lo tratan igual y siempre te dan una oportunidad, si te sale bien estás de enhorabuena, aunque tu inglés no sea el mejor. El hecho de que sea una ciudad universitaria hace que cada año tras el verano la demanda de trabajo crezca muchísimo, por lo que septiembre es una época ideal para emprender el viaje.

Oxford es, por otro lado, una ciudad de cuento, con un centro histórico increíble e inigualable en toda Europa, los edificios de la Universidad de Oxford son sencillamente impresionantes, da gusto pasear tanto en verano como en invierno. Hay montones de cafeterías donde se respira un ambiente de estudio y relax que te invitan a quedarte toda la tarde con tu caffé latte leyendo un buen libro. Librerías sin fin, calles por las que sólo pueden pasar bicicletas (el medio de locomoción más imporante en la ciudad), y un servicio de autobuses envidiable, con la seguridad de que en 5 minutos vas a llegar un autobús de alguna de las dos compañías que compiten en la ciudad a tu parada. Por otro lado, está a aproximadamente una hora en coche de Londres y tiene un servicio de autobusés fantástico tanto con la capital inglesa (en menos de dos horas y comodísimo), como a los aeropuertos (Heatrow está a unos 40 minutos, Gatwick a una hora y media y Luton y Standsted algo más lejos).

Puerta del Sheldonian Theatre

Puerta del Sheldonian Theatre

Resumiendo, si estás pensando irte a Inglaterra en las próximas fechas para aventurarte durante unos meses/años, Oxford es una ciudad ideal, no abundan los españoles, aunque los hay; existe un buen ambiente en todas partes, tanto para salir por la noche como para ir a la ópera; instalaciones deportivas de primera categoría y un centro histórico por descubrir que estoy seguro que te enamorará. Yo tuve la suerte de pasar allí más de un año cuando tenía pensado estar unos meses, encontré trabajo pronto en el Centro de Deportes de la Universidad de Brookes, como Steward, y recuerdo el tiempo que pasé en esta ciudad como uno de los mejores de toda mi vida.

Mucha suerte!!!

Publicado septiembre 4, 2008 por D.Ferrer en Oxford

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