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Visitas y recorridos en Bélgica   1 comment

Patio de la casa de Rubens, en Amberes

Patio de la casa de Rubens, en Amberes

Tiempo de visitas en Amberes. Época de buenos ratos en familia ya sea en casa o en la calle. Una de nuestras primeras visitas en Amberes han sido mis padres. Como el año pasado, cuando aún estábamos en Holanda, los días en Amberes los hemos disfrutando tanto en casa como conociendo diferentes lugares próximos a Amberes, algunos de ellos desconocidos para mí, pero muy sorprendentes.

Parte trasera de la casa de Rubens

Parte trasera de la casa de Rubens

Amberes fue nuestro principal escenario, esta preciosa ciudad aún guardaba algunos secretos para nosotros. Uno de ellos es la casa de Rubens, donde el pintor vivió durante varias décadas. Su casa es un auténtico museo, no solo de pinturas, sino de muchas otras obras de arte que él realizaba y que coleccionaba de otros artistas. La visitamos en una soleada mañana de sábado, fría pero agradable. Los días se han hecho ya muy cortos y el día hay que aprovecharlo desde bien temprano. Por ello nos levantamos con ánimo y nos marchamos al centro de Amberes en tranvía. Este medio tan económico, sencillo y efectivo nos llevó hasta el mismo corazón de la ciudad, donde se separan el barrio histórico y la zona más comercial. En esta última se encuentra la casa de Rubens, perfectamente restaurada y un lugar muy bien organizado para visitarlo. Una parada obligada en una visita corta a Amberes, y por supuesto una visita que repetiré seguramente en el futuro con otros visitantes, y encantado que estaré de hacerlo.

El día acompañaba y tras unas horas viendo obras de arte y patios italianos nos dimos un paseo por la zona comercial disfrutando del bullicio y la vida de una gran ciudad como Amberes. No pudimos evitar hacer algunas compras, algún regalito para aquéllos que no han venido todavía a visitarnos y algún detalle para la casa, que todavía está falta de algunas pinceladas. La tarde llegó pronto aunque antes fuimos a comer al pintoresco barrio árabe, donde se come un estupendo pescado cualquier día de la semana. Desde allí, siempre con el tranvía, volvimos a casa para descansar antes de nuestra visita a una ciudad próxima al día siguiente: Mechelen.

Lateral del Ayuntamiento de Mechelen

Lateral del Ayuntamiento de Mechelen

Mechelen es una perla un tanto desconocida, al menos lo era para mí. Malinas, conocida por Mechelen en Bélgica es una ciudad de tamaño medio que decidí que visitásemos sin conocer demasiado bien lo que íbamos a encontrar. ¡¡Y vaya sorpresa que me llevé!! No solo se trata de una ciudad llena de vida y muy agradable para caminar y vivir, sino que guarda algunos monumentos y rincones encantadores.

Torre de la iglesia de Mechelen

Torre de la iglesia de Mechelen

Primero visitamos la plaza principal, o Grote Markt, la típica plaza belga en torno a la cual se construían los edificios más emblemáticos e importantes de la ciudad: el Ayuntamiento, la Oficina de Correos, así como la iglesia o catedral de la ciudad. El caso de Mechelen no es una excepción y allí se encuentran tanto el Ayuntamiento, con una fachada sorprendente; como la Iglesia principal, una enorme catedral con una característica diferenciada: su torre. Se trata de una enorme torre que no se terminó de construir pero que mide 100 metros de altura. A ella se puede subir tras escalar los más de 500 escalones visitando diferentes salas, entre ellas varias donde se encuentran enormes campanas, el reloj y su maquinaria, una sala de poleas… y finalmente la zona más alta de la misma, donde han construido hace tan solo un año un moderno mirador acristalado que ofrece unas preciosas vistas de la ciudad de todo su alrededor.

Vista desde la torre

Vista desde la torre

A pesar del frío y de la ligera niebla, nos decidimos a subir a la torre y desde arriba disfrutamos de una estupenda vista de 360 grados. Por desgracia ni Amberes ni Bruselas eran visibles aquella mañana, pero sí disfrutamos de la vista de Malinas.

Tras la visita a la torre y a la iglesia, una buena comida de cuscus puso la guinda a una mañana completa y en buena compañía. Era el momento de volver a casa por dos razones: estábamos cansados y queríamos evitar el tráfico de vuelta a Amberes, que siempre es problemático desde la zona de Bruselas.

Llegó el domingo, día de partidos de baloncesto y poca actividad. No hubo tiempo a mucho más y llegó el fin de la estancia de los visitantes y la vuelta a casa a la mañana siguiente. El otoño llega a su fin y comienza el invierno, y eso se nota en las temperaturas y, sobre todo, en los árboles, que de repente han dejado de soltar hojas y ya todos están pelados, preparados para las primeras nieves que llegarán pronto.

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Publicado noviembre 30, 2010 por D.Ferrer en Amberes

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Algunos cambios   1 comment

Ya hace varias semanas que no me paso por aquí para dejar alguna noticia mía. He estado muy ocupado y no ha sido fácil sentarse un rato a escribir y contar cómo me van las cosas tras la vuelta a Tilburg, y es que han cambiado algunas cosas y apenas he tenido tiempo libre durante la semana.

He comenzado a trabajar en una empresa situada en Mechelen, o Malinas, unos kilómetros al sur de Amberes. Es una nueva oportunidad en algo diferente a lo que hacía antes que no me disgusta y que me parece interesante por el momento. El trabajo está bien, en un ambiente fenomenal y en un lugar estupendo, solo hay un problema que es que Malinas está a una hora de camino de Tilburg y además no cuenta con una línea de tren directa. Esto me hace ir en coche cada día, que no es un gran problema salvo porque tengo que cruzar Amberes, una gran ciudad con un gran volumen de tráfico diario.

Y yo ahora me pregunto: ¿Cómo lo hacen todas esas personas que cada día saben que se levantan para estar una hora en enormes atascos en las grandes ciudades? Pienso en los que viven alrededor de Madrid y que tardan varias horas en llegar a su trabajo. ¿Cómo lo hacen? ¿Cuándo llega el punto en que asumes que vas a tardar ese tiempo y el tráfico y el tiempo dejan de importarte o, al menos, de afectarte cada día? Yo ahora me enfrento a una circunstancia nueva para mí. Un trayecto de una hora, que no es poco, generalmente no lo puedo cubrir en menos de una hora y media, pero este retraso y el estar en colas durante media hora para ir y otra media hora para volver a casa me causan un estrés y un malestar enormes cuando llego a casa, haciendo que todas las buenas sensaciones que tengo al tener trabajo y al estar contento con él se me vayan y se me olviden por completo.

Tan solo llevo una semana y creo que no es fácil acostumbrarse a un cambio tan radical. He pasado algunos meses sin trabajo y antes tampoco lo hacía durante 8 horas, por lo tanto supongo que ver cómo el día se reduce a trabajar y poco más es algo difícil de llevar al principio. Así que intento aprender a llevarlo mejor y a saber sacrificarse un poco cuando es necesario, aunque eso no signifique que me conforme ni mucho menos, ya que no dejo de pensar en cómo podría mejorar esta situación. Por ello mis sensaciones estos días son contradictorias, por un lado la satisfacción de trabajar y sentirte parte de un grupo de personas en una empresa y por otro la frustación de perder mucho tiempo y esfuerzo en el trayecto a tu trabajo… Quiero planteármelo como una forma de superarme, de mejorar y sobre todo de aprender a controlar esas sensaciones y pensamientos que a veces me hacen encontrarme mal, tal vez esta sea una oportunidad estupenda para hacerlo y todo sea mucho más facil después, ¿no crees?

Publicado mayo 9, 2010 por D.Ferrer en Bélgica

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