Un nuevo invierno en Bélgica   Leave a comment

Parece mentira, pero lo que no quisimos aguantar dos años en Oxford lo estamos aguantando con creces en Amberes… Estamos inmersos en un nuevo invierno, el quinto ya desde que llegáramos en 2009 a Holanda. Desde entonces, dos en Holanda y otros tres en Bélgica y la convicción de que somos personas de calor y buen tiempo. Estos inviernos fríos y oscuros pasan factura, no hay duda, nos volvemos un poco más tristes, más apagados y somnolientos. Es duro soportar este frío desde noviembre hasta marzo, son meses interminables de días cortos en los que parece que solo trabajas y duermes, no da tiempo para más, o al menos no parece haber tiempo para más.

Y una vez más, siempre por la misma época, nos planteamos si pasar otro invierno en Bélgica, en Amberes. ¿Será este nuestro último invierno aquí? Es algo que tenemos que decidir, poco a poco, pero no en un momento difícil como el invierno, sino cuando la oscuridad y la nieve no lo llene todo, sería injusto tomar una decisión tan importante en el momento más complicado del año, cuando todo parece costar un mundo y solo se piensan en los 22 graditos de media de Málaga durante toda la estación. Pero no se puede valorar solo eso.

Pasan los meses y cada vez estamos más asentados en Bélgica. Desde el nacimiento de Inés, que ya tiene casi 7 meses, hemos entrado en un día a día rutinario. Un rodillo pasa-semanas que hace que el tiempo vuele mientras vemos crecer a nuestra pequeña. Al mismo tiempo hemos “vuelto” al trabajo después de un tiempo centrados en la pequeña. La vuelta no está siendo sencilla aunque los proyectos y perspectivas son excelentes. Por mi parte estoy teniendo la oportunidad de crecer dentro de una empresa sin la necesidad de demostrarlo todo con títulos, como ocurre a menudo en España, sino con mi trabajo y mis aptitudes. Se me valora por lo que hago y por cómo lo hago, y no por un diploma que, cada día más, pienso que no demuestra casi nada.

Estamos trazando nuestro camino en Bélgica, no solo con nuestros trabajos, sino también con el nacimiento de nuestra hija, con las amistades que tenemos aquí. Disfrutamos de las oportunidades que se nos ofrecen y las aprovechamos al máximo, aunque por otro lado también sentimos la soledad del extranjero en un mundo al que no pertenece completamente. No podemos decir que no estemos integrados, pero siguen habiendo barreras culturales e idiomáticas que siguen siendo difíciles de derribar por diversas circunstancias: por nuestra propia resistencia a derribarlas y abandonar nuestra cultura española y también por la resistencia a incluir a unos españoles en su cultura por parte de los belgas.

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Publicado febrero 12, 2013 por D.Ferrer en Amberes, Bélgica

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