Japón, tierra de… ¡¡japoneses!!   Leave a comment

Templo en Ueno

Templo en Ueno

Y por fin llegó el viaje a Japón, un viaje que llevaba esperando desde hace ya algún tiempo y en el que he vivido muchas experiencias interesantes. Oriente es una asignatura pendiente de mis viajes, solo he estado en Taiwán una vez, y tengo muchas ganas de visitar otros países como Tailandia o China, y en esta pasada semana he tenido la oportunidad de visitar Japón, más concretamente Tokyo, Yokohama y Kamakura. En estos tres lugares he pasado una semana de turismo y visita a amigos de las más completas que recuerdo, comparables solo con otras semanas en Roma o Nueva York el año pasado, cada una con sus particularidades y momentos especiales.

Un brindis por el reencuentro

Un brindis por el reencuentro

Ni las dudas por el famoso terremoto y posterior tsunami, ni la posterior radiación en la zona de Fukushima, ni las 11 horas de vuelo desde Amsterdam, ni siquiera el calor y la humedad del verano japoneses han podido frenar las ganas e ilusión de visitar a amigos y de conocer una cultura que respeto y que me parece envidiable en algunos aspectos, aunque no en otros.

Llegamos a Tokyo tras, como ya digo, 11 horas de vuelo con KLM desde Amsterdam, que se pasaron entre sueñecitos cortos y películas… por suerte íbamos bien informados de cómo movernos por allí y cogimos muy rápido el tren Skyliner que nos llevó en apenas 40 minutos al centro de Tokyo. Ya este tren me pareció impresionante, super moderno (está recién estrenado), rápido, puntual y limpio a más no poder… unas características que serían normales el resto de los días en los transportes de Tokyo. Nada más llegar a la estación de Ueno, al norte del centro de la ciudad, ya me di cuenta de que los japoneses son una sociedad que se mueve mucho. En esta estación, que es secundaria, hay como 5 líneas de metro, 3 líneas de tren con el aeropuerto y otras tantas de tren de cercanías, sin contar autobuses y taxis en la puerta. Es espectacular cómo está todo organizado, sin este orden todo sería caótico, pero la verdad es que funciona todo tan bien y cada cosa tiene su sitio tan definido y estructurado que moverse es sencillo, simplemente hay que andar despierto y estar informado.

Lago en Ueno

Este lago está lleno de enormes nenúfares que se aprietan en toda la superficie. El agua está un metro bajo las plantas que aquí se ven, y el lago es enorme.

Como llegamos con ganas y temprano, dejamos las maletas en la estación en alguno de los miles de taquillas de pago que hay en cada una de ellas y nos fuimos a conocer la zona. Ueno no es una de las más conocida pero aún así nos gustó mucho su mezcla de templos tradicionales y modernidad en las calles principales. Ya el primer día llama la atención la cantidad de vida que hay en las calles. Hay miles de restaurantes, repartidos no siempre a pie de calle sino también en las plantas superiores de los edificios, lo que hace que haya que ir mirando en los portales o hacia arriba para saber qué ofrece cada edificio. La gente come y cena en la calle, todo el mundo parece muy ocupado y creo que es cierto lo que se dice de que la sociedad japonesa trabaja mucho y apenas tiene tiempo para otra cosa. La gente come en la calle rápido y por lo que vi solos, después siguen con su día y salen por la noche, a veces muy tarde, se puede ver a gente que parece recién salida de trabajar a las diez u once de la noche. No quiero saber a qué hora empiezan…

Roppongi

Torre de Tokyo, en Roppongi en nuestra primera noche

Tras recorrer Ueno, que fue nuestra primera experiencia en las calles de Tokyo, nos marchamos al hotel a Hanzomon, la zona en la que estaba. Cogimos el metro y allí que fuimos. Tras un descanso merecido y una ducha tuvimos el primer encuentro con nuestra amiga, la que unos días después iba a celebrar su boda, motivo de nuestra visita a Japón. Cenamos con ella y pasamos un estupendo rato recorriendo, esta vez, la zona de Roppongi. Fue una noche estupenda de charla para ponernos al día. Ya muy cansados volvimos al hotel a descansar, llevábamos más de un día despiertos, y costó al principio dormir por el cambio de horario, pero aquél estupendo día en Tokyo mereció con creces la pena.

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Publicado agosto 4, 2011 por D.Ferrer en Japón

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