Un viaje para no olvidar   Leave a comment

Nuestros días en Florencia transcurrieron lentamente. El tiempo comprendió nuestra necesidad de disfrutar de este viaje y pasó lentamente para que nosotros disfrutásemos de una ciudad sin prisas, sin agobios y sin necesidad de pensar en lo que vendría después.

El David, de Miguel Ángel, en la puerta del Palazzo Vecchio, un lugar increíble que durante el día está deslucido por la cantidad de turistas, pero que durante una noche estuvo allí prácticamente para nosotros

El David, de Miguel Ángel, en la puerta del Palazzo Vecchio, un lugar increíble que durante el día está deslucido por la cantidad de turistas, pero que durante una noche estuvo allí prácticamente para nosotros

El buen tiempo nos acompaño en nuestra primera noche. La temperatura era fresca pero agradable, ideal para pasear por las calles del centro histórico. ¡Vaya centro histórico! El corazón de la cuna del Renacimiento en Europa, la que fuera en su momento la ciudad más importante de todo el continente y tal vez del mundo. En esta ciudad los artistas más grandes del siglo XV y XVI trabajaron en distintas épocas. Lugar de nacimiento de la banca moderna, es un lugar increíble donde a cada paso encuentras palacios, edificios que llevan en pie más de 500 años, cargados de historia, de arte. Pasear por las calles de Florencia la primera noche nos llevó a sentirnos parte de otra época, partícipes de un mundo que paró en cierto momento de la historia y que tuvo como centro un lugar en concreto.

La Catedral de Florencia de fondo, a la derecha, parte del Battisterio

La Catedral de Florencia de fondo, a la derecha, parte del Battisterio

Una noche mágica en Firenze

Una noche mágica en Firenze

Aquella primera noche paseando por Florencia fue mágica, disfrutamos haciendo fotos junto al Palacio Vecchio (Viejo), sentándonos en un bordillo a contemplar su torre junto a las múltiples esculturas que siguen allí después de muchos años, o caminar desde el Puente Viejo hasta la Catedral y observar la fantástica fachada de mármol de colores verde y blanco, la torre junto a la misma, también de los mismos colores, o el Battisterio, edificio más antiguo que se encuentra justo enfrente de la Catedral. El tiempo se paró aquella noche para dejarnos invadir por un sentimiento de estar en un lugar que no pertenece al mundo en el que hoy vivimos, un lugar que está lejos de ser práctico y sencillo, donde se fomentaba el arte, donde el dinero cayó en manos de mecenas que fomentaron el crecimiento de grandes personajes de nuestra historia como Leonardo da Vinci, nacido en un un pueblo cercano a Florencia, o Miguel Ángel, que estudió y trabajó durante muchos años aquí, y donde se pueden ver muchas de sus grandes obras, como el mismísimo David, situado en la misma puerta del Palacio Viejo (una réplica del verdadero que se encuentra en la Galería de la Academia). Junto a ella se encuentra también una magnífica escultura del mismo tamaño que representa a Hércules y Caco, también impresionante y que junto con la de Miguel Ángel bordean la escalera del Palazzo Vecchio.

La Logia dei Lanzi, Logia de los Lanceros, este soportal está plagado de esculturas, entre ellas, aquí se ve de espaldas, a la izquierda a Perseo con la cabeza de Medusa y El Rapto de las

La Logia dei Lanzi, Logia de los Lanceros, este soportal está plagado de esculturas, entre ellas, aquí se ve de espaldas y a la izquierda, a Perseo con la cabeza de Medusa y El Rapto de las Sabinas. Al fondo se puede distinguir a David y a Hércules, ambos bordean la puerta del Palazzo Vecchio

Las calles de Firenze (Florencia en italiano) estaban prácticamente vacías aquella noche, y nosotros no sentíamos el cansancio del viaje. No teníamos ruta marcada, no habíamos pensado qué visitar y qué no, solo llevábamos una guía que nos servía para saber dónde nos encontrábamos en ese momento y nos describía a grandes rasgos qué veíamos en cada momento. Tampoco habíamos marcado un itinerario de monumentos que había que visitar de forma obligada. Florencia no merece un trato así, merece ser disfrutada con calma,  recorrida una y otra vez sin prisa, contemplar sus estatuas sentado en una terraza o en un banco, sentir la historia de sus calles a paso tranquilo. Sin duda este ha sido un viaje para no olvidar.

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