Una semana en Nueva York   Leave a comment

Habrá quien diga que una semana es más que suficiente para descubrir Nueva York y habrá otros que piensen que es un lugar que para el que se necesita toda una vida. Por el momento una semana es todo lo que tuve yo, e intenté disfrutarla al máximo sobre todo caminando por Manhattan, mezclándome con los desconocidos de esta gran urbe y visitando los sitios más conocidos y emblemáticos.

A pesar de las muchas horas de vuelo y el cambio horario (6 horas menos en Nueva York) el primer día allí lo comencé con buen pie y con mucha energía. La llegada fue más sencilla de lo esperado. El control de pasaportes fue de lo más normal y una vez en la terminal del aeropuerto fue fácil encontrar la forma más rápida y fácil para llegar a las proximidades de Manhattan: el tren. Sin colas y apenas en unos 40 minutos desde el JFK airport el avión del aeropuerto, con conexión directa con la red de metro de Nueva York, nos dejó muy cerquita de nuestro hotel, en Queensboro Plaza. Ya en el hotel tuve la impresión de que los neoyorquinos son personas cercanas y simpáticas (ya sea por las propinas o ya sea porque es lo normal y punto), nos atendieron de maravilla en recepción y nos facilitaron toda la información que necesitábamos, sobre todo a la hora de los transportes públicos.

Queensboro Plaza era una base de operaciones perfecta para visitar la Gran Manzana, eso lo descubrimos inmediatamente. En apenas 3 paradas en alguno de los varios trenes que pasaban por allí estábamos en Times Square, uno de los lugares más emblemáticos y visitados sin duda de Nueva York. Esta “plaza” fue nuestra primera parada, primero porque ya era de noche, segundo porque queríamos volver pronto al hotel a descansar y comenzar el siguiente día sin agobios.

Times Square de día es menos impresionante

Times Square de día es menos impresionante

Times Square es un lugar… como lo diría… un poco caótico. Es curioso ver todos aquellos neones, pantallas gigantéscas, anuncios luminosos… rodeando las calles. No se trata de una plaza en sí, es más bien un cruce de dos de las avenidas más importantes de Nueva York: Broadway y la Séptima Avenida. El efecto de los anuncios luminosos, las pantallas gigantes y demás es impresionante, pero confunde mucho, hace que por momentos pierdas el sentido de la orientación, que te veas envuelto como en una bola de luz que no deja de moverse… todo esto ayudado por el bullir de los miles de transeúntes, turistas, vendedores de entradas de espectáculos… un efecto caótico y estresante que puede llegar a ser incómodo después de algunos minutos. La hora más bulliciosa de este punto clave de Nueva York es la hora de entrada y salida de los teatros, los muchos teatros que se encuentran en Broadway y en las calles vecinas a Times Square. El ir y venir de los muchos  espectadores ocasiona tapones en algunos momentos, pasos de cebra abarrotados y atascos en todo momento en las aceras. Es una experiencia curiosa, pero sinceramente esta plaza no tiene mucha magia.

Una de las cosas más sorpendentes de Nueva York es la cantidad de policía que se ve por las calles. Es extraño no ver policías en casi todas las calles del centro y sobre todo en los puntos bulliciosos, como Times Square, puede haber cientos de ellosa apostados en las esquinas de edificios, en las puertas de tiendas o simplemente junto a sus coches y motos. Esto crea una sensación de seguridad y al mismo tiempo te hace pensar en el por qué de tanto policía…

En el Teatro Majestic,  situado en la calle 44, entre la Séptica y la Octava Avenida, vivimos uno de los momentos más especiales de nuestra estancia en Nueva York. Fuimos a ver el musical El Fantásma de la Ópera. Incluso para aquéllos que no son muy amantes de los musicales y la ópera uno de estos espetáculos es imprescindible si pasan por Nueva York. El show y la puesta en escena de este musical son impresionantes. Disfrutamos mucho aunque, como pasa con muchas cosas en esta gran ciudad, el teatro está banalizado, es simplemente un show más al que van todo tipo de personas simplemente porque es algo famoso: Broadway, se va porque toca, no porque apetezca o porque guste. Esto hace que te puedas encontrar todo tipo de personas en el teatro sentadas al lado tuya. Todo se vuelve bastante banal, es como ver un partido de baloncesto o uno de béisbol, algo más en una ciudad enorme.

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Publicado octubre 23, 2010 por D.Ferrer en Nueva York

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